Te visitaba como cada tarde, pedía un capuccino y un croissant. Dibujaba tu silueta en mi libreta, con cuidado por si pasabas y tu mirada inocente conseguía ver aquellos bocetos. Por aquel entonces mi vida era un desastre, el karma me pisoteaba diariamente y ver tu sonrisa reflejada en el cristal de mi copa era una de las pocas cosas que hacían mi vida menos fea. Tu delantal se movía creando insólitos vendavales y tus pies pisaban creando melodías irrepetibles. Te gustaba el cine, la música y el teatro. No me lo dijiste ni tampoco a ningún otro, pero gracias a esas tardes sentado viéndote pasar, conseguí conocerte silenciosamente. Tarareabas de vez en cuando la Banda Sonora Original de Cinema Paradiso, todos los miércoles salías a comprar la revista musical "L'Hermonie" y a veces te ibas un poco antes para ir al teatro. Te imaginaba en un acogedor piso de Montmartre, compartiendo tu vida con un gato y nadie más. Me hiciste cobarde, incapaz de preguntarte si quiera la hora o de pedirte la cuenta. ¿Y si no te gustaba mi tono de voz? Podía parecerte loco, pesado y quizás eso te haría desaparecer con tal de perderme de vista. No podía perderte, pero tampoco ganarte... creía demasiado en los sucesos imposibles hasta que una tarde, la vida me enseñó que hay sucesos imposibles que ocurren todos los días. Es decir, a partir de aquel 23 de abril fuiste poco a poco entrando en mi vida como nunca antes. Empezaste a aparcar tu bici en mi portal, me contagiaste el gusto por los pequeños placeres... y yo empecé a ahorrarme los 4.50€ de cada merienda, porque ya no hacía falta ir a buscarte siempre ya que ambos sabíamos donde "encontrarnos". Y sí, cambiaste mi vida y aún no sé si por casualidad o por causalidad.
6 clicks:
Me ha encantado tu texto, y con la música de Yann Tiersen, todavía más.
Esta frase es genial: "la vida me enseñó que hay sucesos imposibles que ocurren todos los días" :)
te sigo!
un beso
Me encanto, me encanto, me encanto... nada mas que decir!!!
Jo, qué perfecto, sí, y qué Amelie!
Me hiciste llorar horrores y no me avergüenza decirlo. La canción, dios, la canción... era el contrapunto perfecto. Besos.
qué Ameliecamente perfecto este texto :)
Simplemente perfecto.
Publicar un comentario en la entrada